Logo Gloria Méndez

Expertos en coaching de alto rendimiento personal

Nuestro método nos permite estar donde tú estés. Trabajamos con clientes de toda España.

 

Guia rapidaPresentaciónServiciosLos profesionalesMetodologiaTestimoniosCuánto cuestaContacto
QUé NOS HACE DIFERENTES
QUé HACEMOS POR TI
TEST DE LECTURA PARA SABER SI ERES UN CLIENTE POTENCIAL
POR QUé ELEGIRNOS
PRINCIPIOS DEL MéTODO

Los 12 principios del método de (r)evoluciÓn

  

  

1 Cambiar es fácil si sabes cómo hacerlo. Todas las dificultades que asociamos con el cambio son fruto de nuestro desconocimiento de los principios que rigen el arte de cambiar a voluntad. La ignorancia del proceso hace innecesariamente duro el cambio, la información sobre el proceso de cambio permite cambiar de manera sencilla e inmediata.

 
2 El cambio no necesita ser lento para ser seguro. El cambio no ocurre en el tiempo, ocurre en la conciencia. El cliente puede alcanzar un “eureka” que le lleve a dar un salto cuántico, es decir, un cambio aparentemente espectacular e inmediato, siempre y cuando abandone la idea de que debe “darse mucho tiempo” para lograrlo y se esfuerce por alcanzar lucidez sobre su forma de pensar.

3. El orden de los factores sí altera al producto. Si un cliente está bloqueado, la información sólo le servirá para frustrarse más porque no puede ponerla en práctica. Hay que desbloquear primero y crear planes de acción después. De lo contrario, cualquier plan de acción, por bien creado que esté, fracasará.

4 El presente importa más que el pasado. No es preciso bucear en el pasado del cliente para ayudarle. Todo lo que le está afectando, venga o no de su pasado, está activo y se puede detectar en su modo de comunicarse en el presente. Esto supone un importante ahorro de tiempo y evita tener que volver sobre situaciones dolorosas que el coach no necesita conocer y que sólo sirven para distraer al cliente de su objetivo y aumentar su sensación de ser víctima de las circunstancias.

5 Aportar al cliente herramientas de gestión de recursos personales agiliza el proceso y multiplica los resultados exponencialmente. La persona descubre qué debe cambiar, sabe cómo hacerlo y se siente capaz de lograrlo en el mismo proceso de cambio, no tiene que esperar meses o años para averiguar cómo salvar sus escollos.  La información, que de otro modo sería superficial, se integra de manera inmediata y sin vuelta atrás.

6 El assesor ha de potenciar la autonomía del cliente, por eso el proceso de asistencia ha de ser breve y concentrar la máxima capacitación en el menor tiempo posible. No se trata de fidelizar al cliente. Este ha de aprender a volar por su cuenta.

7 El proceso de cambio ha de ser sistémico, es decir, tener en cuenta todas las partes del cliente. Es importante que su mente, su cuerpo y sus emociones estén de acuerdo con el objetivo.

8 El cambio que propicie el proceso de asesoría ha de ser ecológico y sostenible, es decir, ha de respetar el entorno de vida del cliente y ha de poderse mantener en el tiempo. De nada sirve un cambio que no es posible sostener más de una semana. Para que esto ocurra, el cliente debe abandonar el proyecto de cambiar “a base de fuerza de voluntad” y aprender a cambiar “con inteligencia y sin esfuerzo”.

9. El resultado ha de notarse en los hechos del cliente, no en las palabras del asesor Si el cambio no es visible, la asesoría no tiene sentido. Si el cliente no nota el cambio, si su entorno no lo percibe, el método habrá fracasado por inteligente que fuese el planteamiento. No buscamos instruir al cliente sino lograr un cambio real.

10 Hay tantos tipos de cambio como personas. El asesor ha de saber adaptarse a las cualidades únicas de cada cliente y no forzar recetas porque hayan funcionado en otros casos. De ahí que la creatividad y la flexibilidad deban presidir todo proceso verdaderamente eficaz.

11 No es posible usar el método con todo el mundo. El asesor ha de saber negar el acceso al proceso de cambio a un cliente que no está preparado para dar un cambio a conciencia. Del mismo modo que en un gimnasio se recomienda consultar con un médico en caso de cardiopatía o cualquier otro mal, un cliente con una patología no ha de someterse a un proceso de cambio y optimización. Hay que derivarlo siempre al profesional adecuado. De igual modo, si el cliente no confía plenamente en el asesor, es preferible que no contrate los servicios del asesor.

12 El fin último de todo proceso de alto rendimiento es que el cliente se convierta en una persona realizada.